sábado, 18 de enero de 2014

Hija de la Iglesia

Una de las grandes ventajas de estar ampliando estudios en Roma es poder conocer a personas de todo el mundo y de todas las congregaciones, órdenes y movimientos "habidos y por haber", es decir, empaparse de la "catolicidad" (universalidad) de Roma. 

Durante estos tres cursos he tenido ocasión de compartir pupitre en el Instituto Pontificio de Música Sacra con una religiosa de las  Hijas de la Iglesia, he de decir que hasta el primer día de clase para mí esta congregación era completamente desconocida, y eso que están presentes en España. Hoy doy gracias a Dios por haberlas conocido.

En este día se cumple un año de una experiencia de lo más interesante que he podido vivir en el Norte de Italia, en Costa de Rovigo, donde la gente habla italiano como si fuese gallego (cantando) ¡es maravilloso! Allí tuvo lugar la profesión solemne de esta buena amiga, sor Maria Chiara.

Dos cosas quisiera destacar de este acontecimiento:

La primera y más importante es el testimonio de vida de sor Maria Chiara. Toda ella ha sido y es una continua búsqueda de la voluntad de Dios. Primero, militando en la Acción Católica y casándose con Angelo... el cual falleció años más tarde. Este revés en la vida, lejos de alejarla de Dios o poner en duda su existencia provocó que se fiase más todavía de Él, hasta el punto de entregarle su vida consagrándose como religiosa. Creo que es una historia que merece ser contada, ya que el Señor se manifiesta de las formas más increíbles y nos guía por los caminos más insospechados.

La segunda fue compartir tres días con las hermanas de esta congregación en el pueblo natal de sor Maria Chiara, ya que las profesiones son en las parroquias de donde procede cada religiosa. Llegaron de toda Italia y se instalaron en casas de vecinos (yo también), y cada día teníamos diversos encuentros: con niños, con jóvenes, con adultos... donde ellas hablaban de su carisma y su experiencia. La noche anterior a la profesión invitaron a todo el pueblo a unirse en una vigilia de oración, en la que me sorprendió que incluyesen un canto en español: "Ven amada mía" en el que se reproducen unas hermosas palabras del Cantar de los cantares. Todo finalizó con una cena donde la pasta no faltó, pero, sin duda, lo más "rico" era la fraternidad entre los vecinos y las hermanas. Yo percibí en esos días que convivía con una verdadera familia.

De este modo tan peculiar, estas hermanas hacen partícipe a la comunidad parroquial que te ha visto crecer de la alegría de sentirse llamadas por Dios, por seguir al Señor de una forma radical y definitiva, sólo por amor, por el Amado, el Esposo.

¿Qué más decir? Esta es una de esas experiencias que te marcan para toda la vida. No sólo por la persona a la que acompañas –a la que tengo un inmenso cariño– sino porque se respira el amor de Dios en cada instante. Las imágenes de la celebración lo dicen todo (VER)... y la música... también fue perfecta: polifonía, gregoriano, canto popular... se nota que sor Maria Chiara estudio en el PIMS. ;-)




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