sábado, 8 de marzo de 2014

Prefacio del Domingo I de Cuaresma

La Cuaresma puede ser una buena ocasión para profundizar y orar sobre algunos textos propios de este tiempo litúrgico. Para ello, dos buenos amigos nos hemos dado la mano (Corazón Eucarístico de Jesús y El Ciento por Uno) para elaborar una serie de entradas de tipo teológico-espritual y litúrgico-musical para aquellas personas que quieran orar con los textos de los prefacios de los domingos de Cuaresma del Ciclo A.

El prefacio del Domingo I de Cuaresma lleva por título "Las tentaciones de Jesús" y guarda estrecha relación con el evangelio proclamado en este domingo (Mateo 4, 1-11).

[Cristo] El cual,
al abstenerse durante cuarenta días de tomar alimento,
inauguró la práctica de nuestra penitencia cuaresmal,
y al rechazar las tentaciones del enemigo
nos enseñó a sofocar la fuerza del pecado;
de este modo, celebrando con sinceridad el misterio de esta Pascua,
podremos pasar un día a la Pascua que no acaba.


“El cual, al abstenerse durante cuarenta días de tomar alimento, inauguró la práctica de nuestra penitencia cuaresmal”. Siguiendo el modelo de combate que contemplamos en Cristo, la Iglesia durante la Cuaresma practica la penitencia que fortalece el alma. Es un largo camino recorrido con Cristo y como Cristo.

“Y al rechazar las tentaciones del enemigo nos enseñó a sofocar la fuerza del pecado”. El pecado tiene una fuerza atroz cuando se despliega, comenzando por simples insinuaciones (tentaciones). Mirando a Cristo no sólo rechazamos las tentaciones con su gracia, sino que aprendemos a amansar la fuerza del mal en nuestro corazón.

“De este modo, celebrando con sinceridad el misterio de esta Pascua”. Vivir con sinceridad implica la entrega al misterio de esta Pascua, morir con Cristo para vivir con Él, ya resucitados. Plantearse la inmersión de todo el corazón en el misterio pascual de Cristo es aprovechar el tiempo de salvación que Él nos da.

“Celebrando con sinceridad el misterio de esta Pascua, podremos pasar un día a la Pascua que no acaba”. Al vivir de verdad esta Pascua, en este año, muriendo y resucitando, matando algo más a nuestro hombre viejo para que crezca en nosotros el hombre nuevo, esperamos y deseamos vivir la Pascua que no se acaba, la Pascua eterna, el cielo, la glorificación de nuestra carne.

Como recurso para los sacerdotes que lo deseen compartimos también el audio de este prefacio del I domingo de Cuaresma según la versión musicalizada del Misal Romano.





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