martes, 10 de mayo de 2016

Retirada del cirio pascual

El cirio pascual es uno de los signos más importantes de la Pascua. Durante este tiempo litúrgico –que ya llega a su término–  nos ha acompañado llameante junto al ambón de cada una de nuestras iglesias. Sin embargo, al finalizar el tiempo de Pascua este próximo domingo de Pentecostés, la Congregación para el Culto Divino y Disciplina de los Sacramento nos recuerda: “El cirio pascual debe encenderse en todas las celebraciones litúrgicas del tiempo de Pascua hasta el domingo de Pentecostés. Después ha de trasladarse al bautisterio y mantenerlo con todo honor, para encender en él el cirio de los nuevos bautizados. En las exequias, el cirio pascual se ha de colocar junto al féretro, para indicar que la muerte del cristiano es su propia Pascua. El cirio pascual, fuera del tiempo pascual, no ha de encenderse ni permanecer en el presbiterio”. (Carta sobre la preparación y celebración de las fiestas pascuales, n. 99).

Dicho esto, aunque no exista un "rito para el apagado del cirio pascual", puede ser muy oportuno pastoralmente que en la última misa del día (si no se celebran las II vísperas de Pentecostés) se haga una clara referencia catequético-litúrgica a la conclusión del tiempo pascual y, para ello, después de la bendición, podemos llevar en procesión el cirio pascual al bautisterio, donde permanecerá durante todo el año. Una vez allí se apaga.  

Si en algún lugar no hay bautisterio propiamente dicho debe retirarse el cirio del presbiterio, no sin antes especificar a los fieles que el cirio siempre estará presente y llameante cada vez que se celebre el sacramento del Bautismo o cualquier celebración de Exequias. Al concluir la breve catequesis explicativa se apaga el cirio y se despide a la asamblea como de costumbre.


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