miércoles, 18 de marzo de 2020

Oración en tiempo de fragilidad



ORACIÓN EN TIEMPO DE FRAGILIDAD

Oh, Dios todopoderoso y eterno,
alivio en la fatiga, fortaleza en la debilidad;
de Ti todas las criaturas reciben aliento y vida.
Venimos a Ti para invocar tu misericordia
porque hoy conocemos de nuevo la fragilidad
de nuestra condición humana
al vivir la experiencia de una nueva epidemia viral.

Te confiamos a los enfermos y sus familias,
sana su cuerpo, mente y espíritu.
Ayuda a todos los miembros de la sociedad a hacer lo que deben
y a reforzar el espíritu de caridad entre ellos.
Cuida y conforta a los médicos y profesionales de la salud
en el desempeño de su servicio.


Tú que eres la fuente de todo bien,
bendice con abundancia a la familia humana,
aleja todo mal de nosotros y concede una fe firme a todos los cristianos.
Libéranos de esta epidemia que nos golpea
para que podamos volver en paz a nuestras ocupaciones habituales
para así alabarte y darte gracias con un corazón renovado.


En ti, Padre santo, confiamos y a ti dirigimos nuestra súplica
porque tú eres el autor de la vida,
con tu Hijo, nuestro Señor Jesucristo,
y en la unidad del Espíritu Santo,
vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.

¡María, salud de los enfermos, ruega por nosotros!

jueves, 27 de febrero de 2020

Una nueva Cuaresma

La celebración de la Pascua en los tres primeros siglos no tenía un periodo de preparación. Se limitaba al ayuno en los dos o tres días precedentes. En Occidente tenemos los primeros testimonios directos de la existencia de la Cuaresma en el siglo IV: Egeria habla de ella para Jerusalén e, indirectamente, para Hispania; san Agustín para África; san Ambrosio para Milán. Para Roma, el historiador Sócrates atestigua por primera vez, probablemente para el siglo IV, un tiempo de preparación de la Pascua de tres semanas de ayuno, excepto sábados y domingos. Pero se trata de un estadio que podemos llamar todavía precuaresmal. A finales del mismo siglo IV, tenemos testimonios de una preparación a la Pascua de seis semanas. Es la Cuaresma de la época de san León (+461). Al desarrollo de la Cuaresma contribuyeron la disciplina para la reconciliación de los penitentes que tenía lugar el jueves santo por la mañana, cuarenta días después del inicio de su preparación, y la institución del catecumenado con la preparación inmediata de los “iluminados” al bautismo, celebrado en la vigilia pascual. Estas seis semanas experimentaron progresivamente modificaciones. En efecto, las primeras fuentes romanas muestran un estadio todavía más reciente de la Cuaresma, en el que el tiempo de preparación empieza con el miércoles anterior al primer domingo de Cuaresma (nuestro “miércoles de ceniza”). Posteriormente se añadieron otros domingos de preparación a la Cuaresma, quincuagésima, sexagésima, septuagésima. 

Después del Concilio Vaticano II, la Cuaresma se reformó según los criterios de la Sacrosanctum Concilium, que indicó claramente su sentido fundamental: “el tiempo cuaresmal prepara a los fieles, entregados más intensamente a oír la palabra de Dios y a la oración, para que celebran el misterio pascual, sobre todo mediante el recuerdo o la preparación del bautismo y mediante la penitencia” (n. 109). 

La Cuaresma actual, como todos sabemos, inicia con el miércoles de ceniza y finaliza con la misa en la Cena del Señor exclusive. Es importante recordar que se inaugura el “miércoles” no el primer domingo, ya que ningún domingo del año tiene carácter penitencial, ni si quiera en Cuaresma. De ahí que entre los 40 días de la Cuaresma no se cuentan los domingos. Esgrimir razones pastorales no es razón para alterar el sentido litúrgico, teológico y pastoral de este rito centenario, el cual carece de sentido si no es para inaugurar este tiempo penitencial.

Además de la riqueza de los textos eucológicos, en los formularios cuaresmales tenemos una copiosa serie de textos bíblicos. La celebración litúrgica, incluso en lo que se refiere al desarrollo temático, pone el acento principal en el domingo. En los cinco domingos anteriores a al domingo de Ramos, el leccionario dominical ofrece la posibilidad de tres itinerarios diversos y al mismo tiempo complementarios: un itinerario bautismal (ciclo A); un itinerario cristocéntrico-pascual (ciclo B); un itinerario penitencial (ciclo C). Todos los domingos están organizados temáticamente. El pivote es la lectura evangélica. 

En los domingos del ciclo A somos llamados a redescubrir y revivir la realidad mistérica de nuestra iniciación cristiana. Los cinco domingos reproducen la temática que en la tradición antigua constituía el marco de referencia de la última fase del camino catecumenal. El ciclo A tiene un carácter bautismal, puede seguirse todos los años de acuerdo con las exigencias pastorales de cada comunidad. Los formularios de la misa prevén prefacios específicos, que recogen el tema de la perícopa evangélica:

I Domingo de Cuaresma: Tentaciones de Jesús en el desierto (Mt 4,1-11)
II Domingo de Cuaresma: La trasfiguración en la montaña (Mt 17,1-19)
III Domingo de Cuaresma: La samaritana (Jn 4,5-42)
IV Domingo de Cuaresma: La curación del ciego de nacimiento (Jn 9,1-41)
V Domingo de Cuaresma: La resurrección de lázaro (Jn 1,11-45)

El significado y el contenido de la Cuaresma es expuesto de modo sintético y preciso en el prefacio primero de Cuaresma: “Por él concedes a tus hijos anhelar, año tras año, con el gozo de habernos purificado, la solemnidad de la Pascua, para que, dedicados con mayor entrega a la alabanza divina y al amor fraterno, por la celebración de los misterios que nos dieron nuestra vida, lleguemos a ser con plenitud hijos de Dios”. 

La colecta del primer domingo habla de la celebración cuaresmal como de un sacramentum. Si la Cuaresma es un “sacramento”, es decir, un “signo sagrado”, ello significa que todo cuanto forma parte de la institución cuaresmal –gestos y palabras– es una realidad unitaria y significativa. La Cuaresma en su conjunto de palabra que anuncia los acontecimientos de la salvación, oraciones, ritos y prácticas ascéticas, es un gran signo sacramental, mediante el cual la Iglesia participa en el misterio de Cristo que por nosotros realiza la experiencia del desierto, ayuna, sale victorioso de la tentación, escogiendo el camino del siervo humilde y sufriente hasta la cruz. 


Cf. Matias Augé, Liturgia. Historia, celebración, teología, espiritualidad, CPL, Barcelona 2015.


lunes, 23 de diciembre de 2019

El tiempo litúrgico de Navidad



Natività - Carlo Maratta (1625-1713)
Origen y significado


1. La "Navidad" fue ignorada por los cristianos de los tres primeros siglos; ya que lo único que celebraban era la muerte y resurrección de Cristo, el "Misterio pascual", cada domingo.

2. Este desinterés, curiosamente, surge por el desconocimiento de la fecha exacta del nacimiento de Cristo. Pero muy pronto cayeron en la cuenta que un acontecimiento salvador de primer orden como la Encarnación de Dios bien merecía una conmemoración.

3. La introducción de esta fiesta litúrgica se produjo de manera diversa en Oriente y en Occidente; pero en ambos casos tuvo origen en unas fiestas paganas en honor del Sol.

4. El primer testimonio de la fiesta del nacimiento de Cristo fijada en el 25 de diciembre se remonta al Calendario llamado filocaliano (año 354).

5. Dos circunstancias determinaron la instauración de la fiesta: a) el desarrollo del dogma Cristológico ("Plena manifestación de la divinidad en la humanidad de Jesús - Concilio de Nicea, año 325); b) el hecho de que el en el mundo pagano el 25 de diciembre se celebraba el "Natalis Solis invicti" (solsticio de invierno, cuando los días vuelven a alargarse), y el interés del emperador Constantino por unir el culto solar con el culto cristiano. 


Características y peculiaridades de este tiempo

1. Las Normas Universales sobre el Año Litúrgico aprobadas por el Beato Pablo VI en 1969 describen así la Navidad: "Después de la celebración anual del misterio pascual la Iglesia tiene como lo más venerable el hacer memoria de la Natividad del Señor y de sus primeras manifestaciones: esto es lo que hacemos en el tiempo de Navidad que va desde las primeras vísperas de la Natividad del Señor hasta el domingo después de Epifanía. La Misa de la Vigilia de Navidad se celebra la tarde del día 24 de diciembre, ya sea antes o después de las primeras vísperas. El día de Navidad se pueden celebrar tres Misas: según la antigua tradición romana, es decir, en la noche [misa del gallo], a la aurora y en el día".

Por la importancia del misterio que celebramos en Navidad se incluyen ocho días de fiesta (octava), como en la Pascua, ordenada de este modo:
a) El domingo dentro de la octava, o, si no lo hay, el 30 de diciembre, se celebra la fiesta de la Sagrada Familia de Jesús, María y José.
b) El día 26 de diciembre es la fiesta de San Estaban, el primer mártir.
c) El día 27 de diciembre es la fiesta de San Juan, Apóstol y evangelista.
d) El día 28 de diciembre es la fiesta de los Santos Inocentes.
e) Los días 29, 30 y 31 son días de la octava.
f) El día 1 de enero, octava de Navidad, es la solemnidad de Santa María Madre Dios, en la que se conmemoraba también la imposición del Nombre de Jesús (ahora se ha trasladado al 3 de enero).
El domingo entre el 2 y el 5 de enero es el domingo II después de Navidad.
El domingo después del 6 de enero se celebra la fiesta del Bautismo del Señor y con él finaliza el tiempo litúrgico de Navidad.

2. Durante el tiempo de Navidad, es costumbre, al finalizar la misa, "adorar" al Niño. Esta práctica tradicionalmente se prolonga hasta la Epifanía del Señor (6 de enero).

3. El color litúrgico de la Navidad es el blanco; y se nos invita a celebrar este tiempo con la mayor solemnidad posible: ornamentos apropiados, flores para embellecer el presbiterio, música adecuada.

4. Las costumbres más populares y familiares que rodean la Navidad y la Epifanía (Reyes): belén, árbol de Navidad, villancicos, cabalgatas, regalos... no tienen que banalizar la fiesta, sino hacerla más humana y alegre, en equilibrio con la fe que celebramos.


Repertorio musical en Navidad

1. Al celebrar la liturgia el "magno y admirable misterio" del Dios hecho hombre por nosotros debemos cantar –no sólo con villancicos– la Navidad; es decir, debemos utilizar cantos con texto y música apropiados. Dejando algunos villancicos populares fuera de la liturgia por su contenido. 

2. Importancia del "propio":
- El canto de entrada debe introducirnos en el Misterio que celebramos
- El Salmo (como de costumbre, el del día)
- En la presentación de dones (ofertorio) y en la comunión podemos hacer uso de un repertorio navideño apropiado, en consonancia con los textos bíblicos.

3. Peculiaridades del "ordinario": se vuelve a entonar el Gloria, que es el gran himno de Navidad.

4. Al finalizar la celebración se puede hacer uso de villancicos apropiados para la adoración del Niño; es decir, que su contenido sea de tipo religioso y nos haga contemplar y aclamar el misterio que celebramos.




lunes, 16 de diciembre de 2019

Antífonas de la "O"

El 17 de diciembre comienza el septenario (7 días previos) de la gran solemnidad de Navidad. Por ello, me gustaría comentar una GENIALIDAD del canto gregoriano para este tiempo inmediato a la Navidad. 

Existen 7 antífonas, una para cada día (del 17 al 23 de diciembre). Estas antífonas preceden al canto del Magníficat, es decir, están enmarcadas en el rezo de vísperas. La peculiaridad de estas antífonas es que todas comienza con la exclamación "O", por eso se llaman las Antífonas "O" ¿cuál es la devoción mariana que nos habla de la esperanza, de la espera, de la expectación tan propia del tiempo de Adviento? La virgen del "O". Curioso, verdad? Prosigamos.

A la exclamación "O" le siguen en cada una de las antífonas los títulos mesiánicos tomados del Antiguo Testamento. Es una aclamación a Jesús el Mesías. 


O Sapientia...  Oh sabiduría, Palabra
O Adonai... Oh Señor
O Radix Iesse... Oh raíz -renuevo- de Jesé (padre de David)
O Clavis David... Oh llave de David
O Oriens... Oh oriente -sol, luz-
O Rex gentium... Oh rey de los pueblos
O Emmanuel... Oh Dios-con-nosotros.

Leído como un acróstico de abajo a arriba resulta: "ERO CRAS" que quiere decir SERÉ o VENDRÉ MAÑANA, como si el mismo Jesús anunciase su venida con palabras dichas de su propia boca. Y es así, si leemos de arriba a abajo podemos leer "SARC (del griego sark) ORE" que se puede traducir por "carne con boca" o "carne por boca", es decir, Jesucristo, Palabra hecha carne se pronuncia con su propia boca. ¿Qué gran misterio celebramos si no en Navidad? El mismo Dios se ha hecho carne y tendremos ocasión de escuchar su palabra pronunciada por su propia boca.

¿Cómo se puede decir tanto con tan poco? Por algo "la Iglesia reconoce el gregoriano como canto propio de la liturgia romana; en igualdad de circunstancias, por lo tanto, se le debe otorgar el primer lugar en las acciones litúrgicas" (Sacrosanctum Concilium 116).

Esta semana podremos "saborear" estas antífonas. Esta es la primera:

Antifona I – 17 de diciembre.

O SAPIENTIA, quae ex ore Altissimi prodiisti,
attingens a fine usque ad finem fortiter suaviterque disponens omnia:
veni ad docendum nos viam prudentiae.

Oh Sabiduría que sales de la boca del Altísimo (Eclesiástico 24, 3),
te extiendes hasta los confines del mundo y dispones todo con suavidad y firmeza (Sabiduría 8, 1):
ven a enseñarnos el camino de la prudencia (Proverbios 9, 6).

domingo, 1 de diciembre de 2019

La Corona de Adviento

Es curioso ver cómo se ha extendido la costumbre de colocar en nuestras iglesias la "corona del Adviento" o "corona de las luces de Adviento" pese a nos ser preceptivo, es decir, obligatorio. En la Introducción General del Misal Romano no encontramos ninguna rubrica a este respecto, sin embargo, en el Bendicional (nn. 1235-1240) encontramos una explicación sobre su significado y dos modelos para su bendición: en el hogar de la familia o en la iglesia.


CAPÍTULO XXXVII

BENDICIÓN DE LA CORONA DE ADVIENTO

1235. La «Corona de Adviento» o «Corona de las luces de Adviento» es un signo que expresa la alegría del tiempo de preparación a la Navidad. Por medio de la bendición de la corona se subraya su significado religioso.

1236. La luz indica el camino, aleja el miedo y favorece la comunión. La luz es un símbolo de Jesucristo, luz del mundo. El encender, semana tras semana, los cuatro cirios de la corona muestra la ascensión gradual hacia la plenitud de la luz de Navidad. El color verde de la corona significa la vida y la esperanza.

1237. La corona de Adviento es, pues, un símbolo de la esperanza de que la luz y la vida triunfarán sobre las tinieblas y la muerte. Porque el Hijo de Dios se ha hecho hombre por nosotros, y con su muerte nos ha dado la verdadera vida.

I. RITO DE LA BENDICIÓN EN LA FAMILIA

1238. El ministro, al comenzar la celebración, dice:
Nuestro auxilio es el nombre del Señor.
R. Que hizo el cielo y la tierra.

Monición introductoria
El ministro introduce la celebración con estas palabras u otras semejantes:
Al comenzar el nuevo año litúrgico vamos a bendecir esta corona con que inauguramos también el Tiempo de Adviento. Sus luces nos recuerdan que Jesucristo es la luz del mundo. Su color verde significa la vida y la esperanza. El encender, semana tras semana, los cuatro cirios de la corona debe significar nuestra gradual preparación para recibir la luz de la Navidad.

1239. Uno de los presentes, o el mismo ministro, lee un breve texto de la Sagrada Escritura, por ejemplo:

Is 60, 1: ¡Levántate, brilla, Jerusalén, que llega tu luz; la gloria del Señor amanece sobre ti!

1240. Luego el ministro, si es sacerdote o diácono, con las manos extendidas, si es laico, con las manos juntas, dice la oración de bendición:

Oremos.
La tierra, Señor, se alegra en estos días,
y tu Iglesia desborda de gozo ante tu Hijo, el Señor,
que se avecina como luz esplendorosa
para iluminar a los que yacemos en las tinieblas
de la ignorancia, del dolor y del pecado.
Lleno de esperanza en su venida,
tu pueblo ha preparado esta corona con ramos del bosque
y la ha adornado con luces.
Ahora, pues, que vamos a empezar
el tiempo de preparación para la venida de tu Hijo,
te pedimos, Señor,
que, mientras se acrecienta cada día
el esplendor de esta corona, con nuevas luces,
a nosotros nos ilumines
con el esplendor de aquel que, por ser la luz del mundo,
iluminará todas las oscuridades.
Él, que vive y reina por los siglos de los siglos.

R. Amén.

Y se enciende el cirio que corresponda según la semana de Adviento.

II. RITO DE LA BENDICIÓN EN LA IGLESIA

1241. La «Corona de Adviento», que se ha instalado en la iglesia, se puede bendecir al comienzo de la Misa. La bendición se hará después del saludo inicial, en lugar del acto penitencial.

Monición introductoria

Después del saludo, el ministro, dice:

Hermanos: Al comenzar el nuevo año litúrgico vamos a bendecir esta corona con que inauguramos también el Tiempo de Adviento. Sus luces nos recuerdan que Jesucristo es la luz del mundo. Su color verde significa la vida y la esperanza. La corona de Adviento es, pues, un símbolo de que la luz y la vida triunfarán sobre las tinieblas y la muerte, porque el Hijo de Dios se ha hecho hombre y nos ha dado la verdadera vida. El encender, semana tras semana, los cuatro cirios de la corona debe significar nuestra gradual preparación para recibir la luz de la Navidad. Por eso hoy, primer domingo de Adviento, bendecimos esta corona y encendemos su primer cirio.

1242. Luego el ministro, si es sacerdote o diácono, con las manos extendidas, si es laico, con las manos juntas, dice la oración de bendición:

Oremos.
La tierra, Señor, se alegra en estos días,
y tu Iglesia desborda de gozo ante tu Hijo, el Señor,
que se avecina como luz esplendorosa
para iluminar a los que yacemos en las tinieblas
de la ignorancia, del dolor y del pecado.
Lleno de esperanza en su venida,
tu pueblo ha preparado esta corona con ramos del bosque
y la ha adornado con luces.
Ahora, pues, que vamos a empezar
el tiempo de preparación para la venida de tu Hijo,
te pedimos, Señor,
que, mientras se acrecienta cada día
el esplendor de esta corona, con nuevas luces,
a nosotros nos ilumines
con el esplendor de aquel que, por ser la luz del mundo,
iluminará todas las oscuridades.
Él, que vive y reina por los siglos de los siglos.

R. Amén.

Y se enciende el cirio que corresponda según la semana de Adviento.
Tener una corona en el hogar es una buena ocasión para orar en familia y prepararse conjuntamente para la Navidad. En este caso, un laico –por ejemplo el padre o la madre– puede decir la oración de bendición. 

En el caso de hacerlo en la iglesia, es recomendable que sea en la misa del domingo I de Adviento; justo después del saludo inicial, en lugar del acto penitencial. Esto último no quiere decir que se omita el señor ten piedad (ver en este mismo blog la entrada del Señor, ten piedad).

En el momento de encender las velas que correspondan se puede entonar un canto apropiado, como por ejemplo, el salmo 26 (27) - El Señor es mi luz y mi salvación.  Utilizar música instrumental no sería lo más correcto en este tiempo litúrgico en el que se nos pide sobriedad en cuanto a la música y la ornamentación (cf. OGMR 313).

Con respecto al color de las velas de la corona no hay nada dispuesto, pero el sentido común nos lleva a poner las cuatro de color blanco (color habitual de las velas que utilizamos) o, incluso, tres moradas y una rosa, correspondiendo con el color litúrgico de cada domingo, respetando el rosa para el domingo Gaudete o domingo III de Adviento. 

Oscar Valado

sábado, 30 de noviembre de 2019

El tiempo litúrgico de Adviento


Origen y significado


1. El tiempo de Adviento tal y como lo celebramos ahora son las semanas que preceden y preparan la Navidad. "Adviento" significa "venida", por ello en este tiempo nos disponemos para acoger la venida del Señor. El Adviento, la espera de la venida del Señor, es el primer paso de esta historia anualmente revivida en el Año Litúrgico.

2. Este tiempo tiene un claro origen hispano. En el Concilio de Zaragoza, año 380, se prescribe que los fieles vayan a la iglesia desde el 17 de diciembre hasta la Epifanía para orar y reunirse frecuentemente. Dicha práctica se consolidó en Francia a lo largo del siglo V, cuando Perpetuo de Tours (490) establece un ayuno de tres días a la semana desde San Martín (11 de noviembre) hasta Navidad. Pero el Adviento romano no se fija hasta el siglo VI con los Sacramentarios y Leccionarios que nos han transmitido sus formularios litúrgicos. Curiosamente, cabe destacar que solo en Roma el Adviento fue, desde el principio, una institución litúrgica, mientras que en los demás lugares fueron consideraciones ascéticas lo que constituyó el punto de arranque y las normas de su evolución.

3. El sentido del Adviento Romano queda perfectamente definido en los siglo VI-VII. En primer lugar es, según la concepción de las Galias, un tiempo de preparación a la solemnidad de Navidad, pero también un tiempo de "espera": espera para la Navidad y espera del retorno glorioso del Señor al final del mundo. De este modo, la espera cristiana, halla su expresión espontánea en los textos proféticos inspirados por la espera del Mesías: Isaías y Juan Bautista, las dos grandes voces de la liturgia del Adviento.

4. En este sentido, cabe recordar que el Adviento comienza cuatro domingos antes de la Navidad. El primer domingo miramos hacia la última venida de Cristo; el segundo y tercero, a Juan Bautista; y el cuarto, a María, la Madre de Dios. Aunque también cabe destacar en su estructura dos etapas: Desde el primer domingo de Adviento hasta el 16 de diciembre (invitación a prepararnos en la esperanza y en la conversión para la venida del Señor a nuestras vidas); desde el 17 hasta el 24 (más directamente orientada hacia las fiestas de Navidad).


Características y peculiaridades de este tiempo 

1. Palabras que resuenan en Adviento: 

– Emmanuel: Expresión hebrea que significa "Dios con nosotros" (Is 7, 10-14). Signo de la presencia salvadora de Dios en medio del pueblo.

– Marana tha: Expresión aramea = "¡Señor nuestro, ven!". Que las comunidades mantuvieron intacta (1Cor 16,22). Es la expresión del anhelo del retorno de Jesús. Nuestra traducción es "Ven, Señor, Jesús"

– Mesías: Palabra hebrea que significa "ungido". En la antigüedad los reyes, sacerdotes y profetas eran ungidos con aceite como signo de la fuerza de Dios. El Mesías era el "elegido" para liberar al pueblo de Israel. La traducción griega de "Ungido" es "Cristo" y así llama el NT a Jesús. 

– Precursor: Es el que anuncia o prepara algún acontecimiento o venida de alguna persona. Se aplica a Juan el Bautista.

– Profeta: Significa mensajero de Dios, el que habla en nombre de Dios. No es un adivino, aunque a veces predice acontecimientos. Isaías es el más representativo del Adviento.

2. Actitudes: 

– Esperanza: esta es la palabra que más resuena. En dos sentidos: la encarnación y la venida definitiva.

– Disponibilidad: "preparad el camino al Señor" es la consigna de este tiempo, es la llamada que Juan Bautista hacía en el Jordán a todos aquellos que se acercaban.

– Alegría: no tenemos que guardarnos toda para Navidad. El tiempo de "preparación" también es una alegría (ej.: un banquete o una fiesta).

– Oración: la Navidad que nos ofrecen los medios de comunicación social no debe desviar nuestra atención de lo verdaderamente importante, nuestra espera vigilante y oración como preparación a la encarnación del Mesías.

– Paciencia: el Adviento es una invitación a trabajar sin desfallecer, un año más, en espera: "Tened paciencia, hermanos, hasta la venida del Señor. Firmes en la fe.

3. Signos del Adviento: 

– Austeridad litúrgica: no se trata de una "cuaresma", sino de una espera gozosa (no se suprime el Aleluya, solo el Gloria). Eso sí, es un tiempo litúrgico austero: color morado, ausencia de flores, etc.

– Corona de adviento: tradición proveniente del norte de Europa pero ya arraigada (no preceptiva). Sentido catequético (4 velas - 4 domingos).

– El Belén: La mejor manera de terminar el Adviento es preparando el Belén. Pero tenemos que tener en cuenta que el "Niño" debemos colocarlo el 24 por la noche (Misa del Gallo) o el mismo 25. 


Repertorio musical en adviento 

1. Importancia del "propio".

– El canto de entrada nos introduce en el Misterio y, en el caso concreto de los cuatro domingos de Adviento, en el tiempo litúrgico que celebramos.

– El Salmo (como de costumbre, no debe ser alterado).

– Aprovechar para cantar los mismo cantos los 4 domingos; reservando un repertorio propio de Adviento que solo se utilice en este tiempo litúrgico.

2. Peculiaridades del "ordinario": 

El gloria es el gran canto de Navidad, por este motivo durante los domingos de Adviento no se canta.

3. Otras cuestiones: 

– El "Ave María" es un canto apropiado para el ofertorio del IV Domingo de Adviento.

– El canto para encender la vela de la Corona de Adviento debe ser adecuado, es decir, que haga referencia y mención al tiempo litúrgico que celebramos.

– Conservar cantos de la tradición. Sería ideal que pudiésemos utilizar en cada tiempo litúrgico un canto de nuestro tesoro musical. En este tiempo, uno de los más conocidos es el Rorate caeli.

– ¿villancicos? Debemos hacer lo posible por NO utilizarlos en nuestras celebraciones litúrgicas hasta el día 25 de diciembre; porque estos son expresión del Misterio que celebramos a partir de ese día. Obviamente debemos cuidad el contenido de los textos.




domingo, 24 de noviembre de 2019

Feliz año nuevo - Cristo Rey

Este domingo celebramos la fiesta de Jesucristo Rey del Universo, es decir, el último domingo de nuestro Año Litúrgico. El próximo que celebremos será el I domingo de Adviento, dando comienzo así a un nuevo año. Resumiendo, hoy celebramos un "fin de año" que durará toda la semana. Para que luego alguno diga que los creyentes nos aburrimos.

Bromas a parte... cabe destacar que durante el Año Litúrgico la Iglesia nos invita a celebrar y a contemplar el entero misterio de Jesucristo. Dos momentos son los más importantes:

El nacimiento del Señor: NAVIDAD (con su cuatro semanas previas de preparación: Adviento) y su Muerte y Resurrección: PASCUA (con sus 40 días previos de preparación: Cuaresma)

Y en la celebración de hoy, recordamos que el Señor se ha hecho presente en la historia, ha vencido a la muerte y ahora reina triunfante como Rey del Universo. Es una fiesta con un importante carácter escatológico, sobre todo porque sabemos que el Reino de Cristo ya ha comenzado, pero todavía no es definitivo porque Cristo no reinará plenamente hasta que vuelva al mundo con toda su gloria al final de los tiempos, en la Parusía. 

Por esta razón estamos llamados a construir el Reino instaurado por Jesucristo. A ser operarios de su mies, a trabajar su viña... en definitiva, a gastarnos y desgastarnos por su Reino. El Señor bendecirá a los que den de comer al hambriento, de beber al sediento, de vestir al desnudo... y un día nos dirá: "hoy estarás conmigo en el paraíso".   





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