lunes, 17 de diciembre de 2018

Antífonas de la "O" (I)

Hoy es 17 de diciembre y comienza el septenario (7 días previos) de la gran solemnidad de Navidad. Por ello, quiero hablar de una GENIALIDAD del canto gregoriano para este tiempo inmediato a la Navidad. 

Existen 7 antífonas, una para cada día (del 17 al 23 de diciembre). Estas antífonas preceden al canto del Magníficat, es decir, están enmarcadas en el rezo de vísperas. La peculiaridad de estas antífonas es que todas comienza con la exclamación "O", por eso se llaman las Antífonas "O" ¿cuál es la devoción mariana que nos habla de la esperanza, de la espera, de la expectación tan propia del tiempo de Adviento? La virgen del "O". Curioso, verdad? Prosigamos.

A la exclamación "O" le siguen en cada una de las antífonas los títulos mesiánicos tomados del Antiguo Testamento. Es una aclamación a Jesús el Mesías. 


O Sapientia...  Oh sabiduría, Palabra
O Adonai... Oh Señor
O Radix Iesse... Oh raíz -renuevo- de Jesé (padre de David)
O Clavis David... Oh llave de David
O Oriens... Oh oriente -sol, luz-
O Rex gentium... Oh rey de los pueblos
O Emmanuel... Oh Dios-con-nosotros.

Leído como un acróstico de abajo a arriba resulta: "ERO CRAS" que quiere decir SERÉ o VENDRÉ MAÑANA, como si el mismo Jesús anunciase su venida con palabras dichas de su propia boca. Y es así, si leemos de arriba a abajo podemos leer "SARC (del griego sark) ORE" que se puede traducir por "carne con boca" o "carne por boca", es decir, Jesucristo, Palabra hecha carne se pronuncia con su propia boca. ¿Qué gran misterio celebramos si no en Navidad? El mismo Dios se ha hecho carne y tendremos ocasión de escuchar su palabra pronunciada por su propia boca.

¿Cómo se puede decir tanto con tan poco? Por algo "la Iglesia reconoce el gregoriano como canto propio de la liturgia romana; en igualdad de circunstancias, por lo tanto, se le debe otorgar el primer lugar en las acciones litúrgicas" (Sacrosanctum Concilium 116).

Esta semana podremos "saborear" estas antífonas. Esta es la primera:

Antifona I – 17 de diciembre.

O SAPIENTIA, quae ex ore Altissimi prodiisti,
attingens a fine usque ad finem fortiter suaviterque disponens omnia:
veni ad docendum nos viam prudentiae.

Oh Sabiduría que sales de la boca del Altísimo (Eclesiástico 24, 3),
te extiendes hasta los confines del mundo y dispones todo con suavidad y firmeza (Sabiduría 8, 1):
ven a enseñarnos el camino de la prudencia (Proverbios 9, 6).

sábado, 8 de diciembre de 2018

Azul inmaculada


Fotografía © Miguel Castaño
En este blog acostumbramos a escribir sobre música y liturgia, así que me permito subir este post –más que interesante– de un compañero sacerdote publicado en www.liturxia.com

Es una escena habitual el que en muchas de nuestras parroquias, en el día celebración de la festividad de la Inmaculada Concepción vemos emplear -allí donde los hay- ornamentos de color azul celeste y escuchar durante la homilía la explicación de que tal color se debe a un privilegio concedido a España en el siglo XIX por la ancestral defensa que nuestra nación ha hecho de ese dogma. Aún faltan algunos meses para esta festividad litúrgica, pero es conveniente recordar algunos pormenores del uso de este privilegio pues resulta cada vez más frecuente ver como este color -debido sin duda al celo mariano- es usado para celebrar otras advocaciones de la Santísima Virgen.

Lo primero que hemos que precisar es que el color azul, como tal, no es un color litúrgico. En efecto, son colores litúrgicos todos y solos aquellos que se prescriben en el punto 347 de la actual Instrucción General del Misal Romano, a saber, el blanco, el verde, el rojo, el morado, el negro y el rosado. El color azul es, hablando en puridad, un privilegio litúrgico. Esta distinción no es quisquillosa ni rebuscada, dado que según un venerable principio litúrgico, "todo aquello que en la liturgia no es obligatorio, está prohibido". El sentido del privilegio litúrgico es precisamente ser una excepción a una ley general, privilegio concedido por la Santa Sede de lo cual puede hacerse uso o no; esto es lo que lo distingue esencialmente de los colores litúrgicos facultativos como el rosáceo o el negro, que no constituyen excepciones, sino posibilidades ad libitum pero que figuran explícitamente en el conjunto de normas litúrgicas de la Iglesia.

El privilegio de poder emplear el color azul no es, sin embargo, el único concedido a España. Existe un breve pontificio, Ad hoc nos, rubricado por San Pío V (al que se añade el Pastoralis officii de Gregorio XIII) en el que se compendian todos los privilegios litúrgicos otorgados a nuestra nación, muchos de los cuales si bien han caído en desuso no debería ser óbice para conocerlos. Tales privilegios son el fruto de centenarias costumbres litúrgicas españolas -y no tanto una concesión graciosa en recompensa a determinados "méritos" como en ocasiones parece interpretarse- que recibieron tal reconocimiento después de haber sido solicitada la continuación de tales usos. Algo semejante ha sucedido con el color azul, que aún antes de la concesión del privilegio se habría comenzado a ser utilizar. Su uso resulta muy anterior a la misma proclamación del dogma por parte de Pío IX; por lo que parece,se comenzaría a utilizar en Sevilla al menos a raíz de la polémica entre maculistas e Inmaculistas en el siglo XVII. El primer reconocimiento de la posibilidad de usar este color tendría lugar en 1817, cuando Pío VII concedió su uso a la catedral de Sevilla para la fiesta de la Inmaculada y su octava. En 1879 la Sagrada Congregación de Ritos extendería este permiso a toda la archidiócesis hispalense. Finalmente el doce de febrero de 1883 según decreto promulgado por la Sagrada Congregación de Ritos se concede su uso las diócesis españolas y sus territorios para la solemnidad de la Inmaculada, su octava, y las misas votivas. Desde la supresión de la octava de la Inmaculada ya en el misal promulgado por Juan XXIII en 1962 acorde a las rúbricas de la instrucción Rubricarum instructum, el color azul queda reducido a la solemnidad de la Inmaculada y a las misas votivas de la Inmaculada. Y para las diócesis españolas, según lo que hemos indicado más arriba, cualquier otro uso está prohibido. No pensemos, sin embargo, que es nuestro país el único en el que veremos emplear vestiduras azules. Los antiguos territorios del Reino de Baviera (actual Estado Libre de Baviera) lo tiene concedido para la festividad de Santa María Reina y en Portugal para las fiestas de la Inmaculada y la Asunción. En todo caso, el uso abusivo de este color fuera de las fechas para las que está concedido supone desdibujar su sentido y el origen del privilegio: la devoción multisecular del pueblo español a la Inmaculada y la defensa del dogma. Fue precisamente en la archidiócesis de Sevilla, en el convento de San Antonio de Padua donde se conservarían -según la tradición- los más antiguos ornamentos confeccionados en color azul para celebrar a la Inmaculada.

Y es un color muy a propósito para celebrar este misterio. Es el azul quizá el más inmaterial y profundo de los colores. Recuerda al cielo, al agua, al aire, al cristal; Por eso también se habría usado en la liturgia cristiana medieval durante el tiempo de Pentecostés pues el símbolo del Espíritu Santo es el aire, el más inmaterial de los elementos, pues "Spiritus ubi vult, spirat". El azul intenso quiere expresar de este modo el desapego a los valores mundanos y la ascensión del alma que tiende hacia lo divino, como nos enseña Efrén el Sirio : “Hoy María se ha hecho cielo y ha traído a Dios, porque en Ella ha descendido la excelsa divinidad y ha hecho morada."Por eso, junto al blanco, es el color de la Inmaculada Concepción. Representa ese encuentro del cielo con la tierra en las Virgen ya concebida sin mancha, que anuncia esa fusión del cielo y la tierra, las dos partes del eje cósmico, unidos para acoger esa autocomunicación divina, y así se expresa de manera elocuente que Dios Padre ante la previsión de los méritos de María la haya querido adornar con este singularísimo privilegio.

D. José Ripoll




sábado, 1 de diciembre de 2018

La Corona de Adviento

Es curioso ver cómo se ha extendido la costumbre de colocar en nuestras iglesias la "corona del Adviento" o "corona de las luces de Adviento" pese a nos ser preceptivo, es decir, obligatorio. En la Introducción General del Misal Romano no encontramos ninguna rubrica a este respecto, sin embargo, en el Bendicional (nn. 1235-1240) encontramos una explicación sobre su significado y dos modelos para su bendición: en el hogar de la familia o en la iglesia.

La corona de Adviento es un signo que expresa la alegría del tiempo de preparación a la Navidad. Por medio de la bendición de la corona se subraya su significado religioso.

La luz indica el camino, aleja el miedo y favorece la comunión. La luz es un símbolo de Jesucristo, luz del mundo. El encender, semana tras semana, los cuatro cirios de la corona muestra la ascensión gradual hacia la plenitud de la luz de Navidad. El color verde de la corona significa la vida y la esperanza.

La corona de Adviento es, pues, un símbolo de la esperanza de que la luz y la vida triunfarán sobre las tinieblas y la muerte. Porque el Hijo de Dios se ha hecho hombre por nosotros, y con su muerte nos ha dado la verdadera vida.

Tener una corona en el hogar es una buena ocasión para orar en familia y prepararse conjuntamente para la Navidad. En este caso, un laico –por ejemplo el padre o la madre– puede decir la oración de bendición. 

En el caso de hacerlo en la iglesia, es recomendable que sea en la misa del domingo I de Adviento; justo después del saludo inicial, en lugar del acto penitencial. Esto último no quiere decir que se omita el señor ten piedad (ver en este mismo blog la entrada del Señor, ten piedad).

En el momento de encender las velas que correspondan se puede entonar un canto apropiado. Utilizar música instrumental no sería lo más correcto en este tiempo litúrgico en el que se nos pide sobriedad en cuanto a la música y la ornamentación.

Con respecto al color de las velas de la corona no hay nada dispuesto, pero el sentido común nos lleva a poner las cuatro de color blanco (color habitual de las velas que utilizamos) o, incluso, tres moradas y una rosa, correspondiendo con el color litúrgico de cada domingo, respetando el rosa para el domingo Gaudete o domingo III de Adviento. 

Oscar Valado

jueves, 22 de noviembre de 2018

CECILIA, UNA HISTORIA DE AMOR

Fresco de la bóveda de Sta. Cecilia.
Cecilia, una historia de amor.

En tiempos del Papa Urbano I (siglo III) había una hermosa joven llamada Cecilia, de familia romana pero convertida al cristianismo. Fruto de su gran vida de fe y amor a Dios decidió entregarle su virginidad. Sin embargo, como era costumbre, sus padres le buscaron un hombre adecuado con el que debía casarse. Valeriano. Era un hombre lleno de virtud, pero pagano. Cecilia, pese a todo accedió al deseo de sus padres, pero poco después de la celebración del matrimonio, nuestra hermosa joven, armada de valor le dijo a Valeriano: 

– Debo comunicarte un secreto [me imagino la cara de Valeriano, pobre!], he entregado mi virginidad a Dios y un ángel del Señor vela por mí. 
   Ante esto, Valeriano se mostró escéptico [no es para menos] así que le dijo a Cecilia: 
– Si quieres que respete tu consagración virginal haz que yo también vea a ese ángel del Señor. De este modo haré lo que me pidas. 
   Cecilia, astuta, le dijo: 
– Si crees en el Dios verdadero y recibes el agua del bautismo verás al ángel del Señor que me custodia.

Valeriano, profundamente enamorado de Cecilia, fue bautizado por el Papa Urbano I y cuando regresó como cristiano a casa... al entrar, vio que Cecilia estaba hablando con el ángel. Obviamente, lo importante no es que Cecilia hablase con el ángel (esto ya se lo había dicho ella) sino que él podía verlo. En ese instante, el ángel se acercó a la pareja y les entregó una corona de flores rojas (símbolo del martirio que padecerían) y otra de flores blancas (símbolo de la consagración virginal de ambos a partir de ese momento). 

Años más tarde, el prefecto Turcio Almaquio, condenó a muerte a Valeriano y a su hermano. Los decapitaron con tres golpes de espada, como mandaba la ley. A Cecilia también la condenaron a muerte. Cuando irrumpieron en su casa (donde ahora está la Basílica de Santa Cecilia) intentaron ahogarla varias veces... pero no fue posible, así que optaron por darle muerte a espada, mientras Cecilia "CANTABA A DIOS EN SU CORAZÓN". Los tres golpes en el cuello no lograron separar la cabeza de su tronco así que la dejaron en el suelo, bañada en su propia sangre. Cecilia tardò tres días en morir. (Todo esto lo recogen las Actas de Santa Cecilia - siglo V). 

Escultura de Maderno
Será Gregorio XIII el que nombre a Cecilia patrona de la música en 1594. La estatua que Maderno esculpió en aquella época muestra tal y como encontraron a Cecilia al abrir su sepulcro en la catacumba donde la habían enterrado. Hoy se puede ver debajo del altar de la Basílica de Santa Cecilia. En ella se percibe la marca de espada del cuello y la curiosa postura de sus manos indicando con tres dedos de la mano derecha y con uno de la izquierda la profesión de fe que la llevó al martirio: tres personas, un solo Dios (Dios trinitario).

Sin duda, la historia de Cecilia y Valeriano, es una historia de amor. De amor entre ellos y de amor entregado, generoso y testimoniado.

Vivir sin Dios es morir, mejor morir con Dios para vivir.


ORACIÓN DE LOS MÚSICOS

Oh! Cecilia, Martir santa y gloriosa
que con tu sangre preciosa 
has testimoniado un amor ardiente por Cristo el Señor,
te invocamos como patrona y protectora.

Tú, has hecho de la vida un canto de amor.
Sostén nuestro trabajo 
para que nuestras obras canten la gloria de Dios;
el Espíritu Santo, Amor y Belleza eterna,
guíe nuestra inteligencia y nuestro corazón.

Intercede ante el Señor
para que abra nuestros ojos y nuestros oídos.
Y así, contemplando el rostro de Cristo, 
hagamos de la música el eco de la divina belleza.
Nuestras obras transmitan consuelo y alegría, 
suscitando en el corazón de los hombres la nostalgia del Paraíso, 
contribuyendo al esplendor y solemnidad de la oración de la Iglesia, 
 que den luz y esperanza para el mundo.

Por tus grandes méritos concédenos unirnos un día al coro del cielo 
allí donde resplandece la sublime armonía de Dios.

Amén.

Basílica de Santa Cecilia (Roma)

Feliz día de Santa Cecilia.



sábado, 30 de junio de 2018

La comunión de los celiacos


En plena época de primeras comuniones, debemos tener en cuenta que cada vez son más las personas afectadas por la enfermedad celiaca; es por ello que debemos conocer las orientaciones de la la iglesia con respecto a esta cuestión para poder informar, acoger y orientar a todas las personas que padezcan esta enfermedad, ya sean niños, jóvenes o adultos.

La Congregación para la doctrina de la fe ya ha emitido dos cartas circulares al respecto (1995 y 2003), puntualizando que:
 
1. Las hostias sin nada de gluten son materia inválida para la Eucaristía.
2. Son materia válida las hostias con la mínima cantidad de gluten necesaria.

Ha sido el año pasado, en 2017, cuando la Congregación para el culto divino y disciplina de los sacramentos, también en forma de carta circular, expresando su preocupación por el proceso de fabricación de las hostias y recordando que éstas solo son válidas si contienen gluten, aunque solo sea una mínima cantidad.

Para ello es muy interesante consultar la web de la Federación de Asociaciones de Celiacos de España (FACE), donde se explica perfectamente que hoy en día la celiaquía no debería ser un problema para que los niños o adultos puedan participar de este sacramento, ya que existen en el mercado hostias con una cantidad mínima de gluten, que permiten al niño comulgar con total seguridad. Para certificar que estas hostias están realmente libres de gluten, FACE las ha analizado y ha comprobado que poseen menos de 20ppm de gluten, cantidad que el celiaco puede tolerar sin ningún tipo de síntoma.

Sensibles a esta realidad podemos informar a las personas que padecen celiaquía o incluso a alérgicos o intolerantes al gluten pero que no padecen dicha enfermedad.

Dicho esto, los celiacos deben informar a su párroco sobre su situación para que este pueda adquirir las hostias válidas para la celebración de la Eucaristía. Si quien las provee es el fiel, compruébese que las formas son las apropiadas, y no las que contienen 0% de gluten.

Es obvio que las formas que han de ser consagradas deben estar sobre el altar durante la liturgia eucarística para su consagración, pero es necesario prestar especial atención a la manipulación de las hostias para las personas celiacas. La Comisión Episcopal de Liturgia establece unas normas bastante claras al respecto: las formas sin gluten deben manipularse antes que las habituales y colocarse de forma separada en una píxide cerrada y fácilmente reconocible para evitar confusiones y en la Eucaristía, antes de dar la Comunión al celiaco, el sacerdote deberá lavarse las manos si se ha tenido contacto con las hostias comunes; por otra parte, si por alguna cuestión no se pudiese comprobar la idoneidad de la forma que nos ha traído un fiel es preferible dar la comunión bajo las dos especies por intinción. Por último, la solución para aquellas personas que ni siquiera toleran esas formas con un mínimo de gluten deben comunicarlo antes para recibir la comunión con el cáliz, un cáliz sobre el que no se hace la inmixtión.


viernes, 29 de junio de 2018

ORDENACIONES 2018



El próximo domingo 1 de julio a las 18:00h. tendrán lugar en la Catedral de Santiago de Compostela uno de los acontecimientos diocesanos más importante del año: las ordenaciones.

En esta ocasión serán tres diáconos y dos nuevos sacerdotes; y, como en otras ocasiones, convocamos a todas las personas de la diócesis que quieran formar parte de una interesante experiencia musical, formar parte del "Coro Diocesano" que se encargará de interpretar los estribillos de los cantos, las respuestas y aclamaciones para animar a toda la asamblea. Los requisitos son:

1. Tener ganas de cantar
2. No desafinar mucho ;)
3. Cubrir el formulario de inscripción pinchando AQUÍ (solo tardarás 1 minuto)

Tendremos un sólo ensayo ese mismo día 1 de julio a las 16:30h. en la Catedral. Pero recordad, es imprescindible inscribirse para tener sitio reservado para todos.

El repertorio será el siguiente (puedes escuchar la mayoría de los cantos haciendo clic sobre el título):

Salmo responsorial: Te ensalzaré, Señor, porque me has librado (Sal 29)
Aclamación elección de diáconos y presbíteros: “Demos gracias a Dios” (O. Valado)
Letanía de los santos 
Vestición presbíteros: “Tu es sacerdos” (O. Valado)
Aclamación a la doxología: “Amén” (Vaticano)
*Comunión II: Ave Verum (W. A. Mozart)

En pocos días pondremos el libro de la celebración a disposición de todos. Si quieres más información puedes escribir a musicaarchicompostela@gmail.com

* Estas dos obras serán interpretadas por un pequeño grupo.




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